ESCRITURA Y PEREGRINAJE A TIERRA SANTA
El peregrinaje a Tierra Santa ha sido una experiencia significativa para muchísima gente en el pasado.
La historia de la Salvación corresponde a una geografía de la Salvación.
Todo tiempo puede ser trazado por un especial kairos, por momentos especiales de gracia, también algunos lugares pueden llevar el sello de particulares acciones salvíficas de Dios. Al ipsissima verba de Jesús corresponde la búsqueda del ipsissima loca por donde Jesús pasó y predicó. Por otra parte, esta intuición está presente en todas las religiones, las cuales, no sólo establecen tiempos sagrados, sino que también añaden espacios sagrados, donde el encuentro con Dios puede ser experimentado más intensamente de lo que sería normal.
En las primeras centurias del Cristianismo, algunos peregrinos se mostraron impacientes por seguir las "huellas de Cristo, de los Profetas y los Apóstoles" (Orígenes – III siglo d.C.). Sólo algunos de ellos llegaron a escribir relatos en sus diarios de viaje, en beneficio de aquellos que no podían hacer lo mismo. Algunos de estos relatos pronto cobraron gran fama, mientras que otros permanecieron olvidados durante siglos en archivos y bibliotecas.
Los más famosos son:
· El Itinerario del Peregrino Anónimo de Burdeos
(Itinerarium Burdigalense) – 333 d.C. con 42 ilustraciones.
· El relato de viaje de Egeria, con la famosa descripción de la Liturgia de Jerusalén
(Itinerarium Egeriae) – hacia el 400 d.C.
· El diario de Paula escrito por San Jerónimo
(Epitaphium Paulae) – 404 d.C.
· La guía de viaje del archidiácono Theodosius
(De Situ Terrae Sanctae) – hacia el 530 d.C.
· El diario del Peregrino de Piacenza
(Itinerarium Antonini Placentini) – hacia el 570 d.C.
· De Sofronio, patriarca de Jerusalén, dos poemas sobre la Ciudad Santa
(Anacreontica XIX y XX) - hacia 600 el d.C.
· El relato del obispo Arculfus
(Adamnani De Locis Sanctus) – hacia el 670 d.C.
Incluso San Francisco había decidido hacer un peregrinaje a Tierra Santa. San Ignacio de Loyola vino también a Tierra Santa en 1523, años más tarde el mismo Ignacio relataba a su amigo y compañero Pedro Favré como un "consumador fuego de amor lo había atrapado en los misterios de la vida y Pasión de Cristo, que fueron renovados ante su viva visión y como resultado, él hubiese querido permanecer allí su entera vida.”
Pierre Maraval, un experto en los itinerarios de Peregrinos, ha dedicado numerosas páginas de su libro Lieux saints et pèlerinages d’Orient al uso de la Sagrada Escritura por parte de los peregrinos.
No sólo el Nuevo testamento, sino que también algunas páginas del Antiguo Testamento, eran meditadas durante los peregrinajes. La tumba de Adam, el lugar del sacrificio de Isaak, Betel, el lugar en el que Jacob tuvo el sueño de la escalera, el monte Nebo, la tumba de Job, Mamré, el pozo de Jacob en Samaría, Jericó, Silo y el Sinaí, fueron todos parte del peregrinaje.
Podría decirse la Biblia fue la guía del peregrino. EL peregrino de Burdeos cita todos los lugares bíblicos por donde pasó: Sarepta, donde el profeta Elías se dirigió a la viuda, el monte Carmelo, donde Elías realizó su sacrificio, Cesarea con el baptisterio (balneum) del centurión Cornelio. El monte Garizín y el pozo de Jacob, donde recuerda la violencia cometida contra Dina, la hija de éste. Cerca del pozo de Jacob, divisó los tres árboles plantados por este patriarca. En Betel contempló el almendro bajo el cual Jacob tuvo su visión; vio la habitación donde Salomón compuso el libro de la Sabiduría y la palmera de la cual los habitantes de Jerusalén cortaron algunas palmas para la entrada triunfal de Jesús en la Ciudad Santa.
La Biblia fue también la guía de la peregrina Egeria, la cual quiso comprobar todas las tradiciones bíblicas con la ayuda de sacerdotes egipcios y del obispo de Aran. Ella contempló la piedra sobre la cual rompió Moisés las Tablas de la Ley, la piedra sobre la que el sacerdote Aarón depositó el becerro de oro, también pudo admirar la estatua de sal de la mujer de Lot, cerca del Mar Muerto. Todas estas curiosidades se basaron en el texto bíblico. El conocimiento del contexto geográfico ayudaba al peregrino a encuadrar los eventos de la Sagrada Escritura.
También cabe destacar como la Sagrada Escritura se hizo viva en la liturgia y la celebración de la palabra de Dios. La distancia entre pasado y presente desaparece durante la celebración litúrgica. La Escritura fue también un libro que ayudó a mantener en primer lugar la figura de Cristo, a fijarla en la mente, a fin de ser sanado durante la “incubación”, a quien permanecía durante la noche en diferentes lugares, en algunos de los santuarios.
Los Santos Lugares atrajeron hombres y mujeres que deseaban ver y verificar el contenido de las Escrituras. Eusebio de Cesarea escribió su Onomasticon para permitir un buen conocimiento de los lugares citados en las Escrituras, además de para mostrar su significación a los lectores de las mismas. (Onomasticon p.2, 14-17).
Egeria vino a los Santos Lugares para observar con sumo cuidado (pervidere) los lugares de acuerdo con las Escrituras (Itiner 7,1).
San Jerónimo invito a Marcela a venir y visitar la Palestina: “Nosotros veremos la flor de la Galilea (videmus). Veremos Cana (cernetur). Sobre el Tabor contemplaremos al Salvador (cernemus). Veremos los dos Hermones (videbitur)” (Epist 46,13). Contemplar los lugares bíblicos tuvo un valor didáctico. EL conocimiento de los Santos Lugares de la Biblia no es una experiencia científica, los peregrinos deseaban más que una mera documentación. Querían ser santificados por su contacto. Los Santos Lugares son memoriales, la statio en el Lugar Santo tenía la misma función que la celebración litúrgica: actualizaba el evento recordado en la Escritura a través de la oración. La liturgia de Jerusalén era celebrada en el lugar exacto donde los eventos habían sucedido, especialmente la liturgia de la Semana Santa. Los peregrinajes de Egeria y San Jerónimo lo muestran claramente.
Esta liturgia incluye oraciones, lecturas de la Escritura, de acuerdo con los lugares que Egeria visitó y donde siempre quiso experimentar el significado de la Escritura.
San Jerónimo escribió a Marcela: “Cada vez que entramos en la tumba de Cristo, contemplamos al Señor en su sudario, vemos a los ángeles allí sentados” (Epist 46,5). Cuando escribió sobre la experiencia de Paula, dijo: “En el Gólgota; arrodillándose ante la cruz, ella adoraba a Jesús como si ÉL estuviera aún crucificado en la cruz” (Epist 108,10).
Algunas veces Jerónimo hace un ejercicio de exégesis de la Escritura mientras visita los Santos Lugares. Pasando por el monte Sión recuerda el Salmo 86,2 : “Las puertas de Sión son amadas por Dios”. Viendo las ruinas de Jerusalén, explica que las puertas de la Ciudad Santa son como las puertas de la Iglesia. La Gehenna no prevalecerá sobre ellas.
San Jerónimo explica por qué Paula no quiso ir a Kyriat Sefer, la ciudad del libro: porque “la letra mata, y el espíritu da la vida” (Epist 108,11). Citas del Antiguo Testamento anuncian la realización del Nuevo Testamento. “Las 12 piedras de Galgalá significan el fundamento de los 12 Apóstoles” (San Jerónimo, Epist 108,12). La fuente de Elías en Jericó, dulcificada por el profeta, significa la ley judía, que era amarga, pero que se volvió dulce por obra del verdadero profeta.. La tipología fue un método para leer el Antiguo Testamento.
Los Santos Lugares fueron martyria, testimonio de la Sagrada Escritura. Cirilo de Jerusalén desarrolló esta idea. “Aprende por lo que ves” (Cat 12,4). “Jesús ha sido crucificado. El Gólgota lo testifica” (Cat 4,10; 10,19).
Finalmente, la Palabra de Dios debió ser puesta en práctica por el peregrino después que hubo visto, tocado las reliquias y verificado el Lugar Santo. La Sagrada Escritura recreaba los sentidos y otorgaba sensibilidad espiritual al Peregrino creyente. El peregrino entonces adoraba (proskunein) a su Señor, aún cuando sólo venerase las reliquias (honoramus). Las reliquias eran receptáculos de la gracia divina a través de la cual nuestra salvación vino ( San Juan Damasceno, Contra Inmag. Calumn Oratio 3,34).
Terminemos con una curiosa conclusión. ¿Los peregrino llevaban con ellos el texto de la Biblia? Sólo un ejemplo es conocido en la literatura. Pedro el Ibérico viajó con el texto del Evangelio de San Juan, en el que insertó una reliquia de la Vera Cruz. La Biblia en otros peregrinos fue probablemente llevada en sus corazones.
Fray Frédéric Manns ofm
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