jueves, 27 de diciembre de 2007

ESCRITURA Y PEREGRINAJE A TIERRA SANTA

ESCRITURA Y PEREGRINAJE A TIERRA SANTA




El peregrinaje a Tierra Santa ha sido una experiencia significativa para muchísima gente en el pasado.
La historia de la Salvación corresponde a una geografía de la Salvación.
Todo tiempo puede ser trazado por un especial kairos, por momentos especiales de gracia, también algunos lugares pueden llevar el sello de particulares acciones salvíficas de Dios. Al ipsissima verba de Jesús corresponde la búsqueda del ipsissima loca por donde Jesús pasó y predicó. Por otra parte, esta intuición está presente en todas las religiones, las cuales, no sólo establecen tiempos sagrados, sino que también añaden espacios sagrados, donde el encuentro con Dios puede ser experimentado más intensamente de lo que sería normal.

En las primeras centurias del Cristianismo, algunos peregrinos se mostraron impacientes por seguir las "huellas de Cristo, de los Profetas y los Apóstoles" (Orígenes – III siglo d.C.). Sólo algunos de ellos llegaron a escribir relatos en sus diarios de viaje, en beneficio de aquellos que no podían hacer lo mismo. Algunos de estos relatos pronto cobraron gran fama, mientras que otros permanecieron olvidados durante siglos en archivos y bibliotecas.

Los más famosos son:
· El Itinerario del Peregrino Anónimo de Burdeos
(Itinerarium Burdigalense) – 333 d.C. con 42 ilustraciones.
· El relato de viaje de Egeria, con la famosa descripción de la Liturgia de Jerusalén
(Itinerarium Egeriae) – hacia el 400 d.C.
· El diario de Paula escrito por San Jerónimo
(Epitaphium Paulae) – 404 d.C.
· La guía de viaje del archidiácono Theodosius
(De Situ Terrae Sanctae) – hacia el 530 d.C.
· El diario del Peregrino de Piacenza
(Itinerarium Antonini Placentini) – hacia el 570 d.C.
· De Sofronio, patriarca de Jerusalén, dos poemas sobre la Ciudad Santa
(Anacreontica XIX y XX) - hacia 600 el d.C.
· El relato del obispo Arculfus
(Adamnani De Locis Sanctus) – hacia el 670 d.C.

Incluso San Francisco había decidido hacer un peregrinaje a Tierra Santa. San Ignacio de Loyola vino también a Tierra Santa en 1523, años más tarde el mismo Ignacio relataba a su amigo y compañero Pedro Favré como un "consumador fuego de amor lo había atrapado en los misterios de la vida y Pasión de Cristo, que fueron renovados ante su viva visión y como resultado, él hubiese querido permanecer allí su entera vida.”
Pierre Maraval, un experto en los itinerarios de Peregrinos, ha dedicado numerosas páginas de su libro Lieux saints et pèlerinages d’Orient al uso de la Sagrada Escritura por parte de los peregrinos.

No sólo el Nuevo testamento, sino que también algunas páginas del Antiguo Testamento, eran meditadas durante los peregrinajes. La tumba de Adam, el lugar del sacrificio de Isaak, Betel, el lugar en el que Jacob tuvo el sueño de la escalera, el monte Nebo, la tumba de Job, Mamré, el pozo de Jacob en Samaría, Jericó, Silo y el Sinaí, fueron todos parte del peregrinaje.
Podría decirse la Biblia fue la guía del peregrino. EL peregrino de Burdeos cita todos los lugares bíblicos por donde pasó: Sarepta, donde el profeta Elías se dirigió a la viuda, el monte Carmelo, donde Elías realizó su sacrificio, Cesarea con el baptisterio (balneum) del centurión Cornelio. El monte Garizín y el pozo de Jacob, donde recuerda la violencia cometida contra Dina, la hija de éste. Cerca del pozo de Jacob, divisó los tres árboles plantados por este patriarca. En Betel contempló el almendro bajo el cual Jacob tuvo su visión; vio la habitación donde Salomón compuso el libro de la Sabiduría y la palmera de la cual los habitantes de Jerusalén cortaron algunas palmas para la entrada triunfal de Jesús en la Ciudad Santa.

La Biblia fue también la guía de la peregrina Egeria, la cual quiso comprobar todas las tradiciones bíblicas con la ayuda de sacerdotes egipcios y del obispo de Aran. Ella contempló la piedra sobre la cual rompió Moisés las Tablas de la Ley, la piedra sobre la que el sacerdote Aarón depositó el becerro de oro, también pudo admirar la estatua de sal de la mujer de Lot, cerca del Mar Muerto. Todas estas curiosidades se basaron en el texto bíblico. El conocimiento del contexto geográfico ayudaba al peregrino a encuadrar los eventos de la Sagrada Escritura.

También cabe destacar como la Sagrada Escritura se hizo viva en la liturgia y la celebración de la palabra de Dios. La distancia entre pasado y presente desaparece durante la celebración litúrgica. La Escritura fue también un libro que ayudó a mantener en primer lugar la figura de Cristo, a fijarla en la mente, a fin de ser sanado durante la “incubación”, a quien permanecía durante la noche en diferentes lugares, en algunos de los santuarios.

Los Santos Lugares atrajeron hombres y mujeres que deseaban ver y verificar el contenido de las Escrituras. Eusebio de Cesarea escribió su Onomasticon para permitir un buen conocimiento de los lugares citados en las Escrituras, además de para mostrar su significación a los lectores de las mismas. (Onomasticon p.2, 14-17).

Egeria vino a los Santos Lugares para observar con sumo cuidado (pervidere) los lugares de acuerdo con las Escrituras (Itiner 7,1).

San Jerónimo invito a Marcela a venir y visitar la Palestina: “Nosotros veremos la flor de la Galilea (videmus). Veremos Cana (cernetur). Sobre el Tabor contemplaremos al Salvador (cernemus). Veremos los dos Hermones (videbitur)” (Epist 46,13). Contemplar los lugares bíblicos tuvo un valor didáctico. EL conocimiento de los Santos Lugares de la Biblia no es una experiencia científica, los peregrinos deseaban más que una mera documentación. Querían ser santificados por su contacto. Los Santos Lugares son memoriales, la statio en el Lugar Santo tenía la misma función que la celebración litúrgica: actualizaba el evento recordado en la Escritura a través de la oración. La liturgia de Jerusalén era celebrada en el lugar exacto donde los eventos habían sucedido, especialmente la liturgia de la Semana Santa. Los peregrinajes de Egeria y San Jerónimo lo muestran claramente.
Esta liturgia incluye oraciones, lecturas de la Escritura, de acuerdo con los lugares que Egeria visitó y donde siempre quiso experimentar el significado de la Escritura.
San Jerónimo escribió a Marcela: “Cada vez que entramos en la tumba de Cristo, contemplamos al Señor en su sudario, vemos a los ángeles allí sentados” (Epist 46,5). Cuando escribió sobre la experiencia de Paula, dijo: “En el Gólgota; arrodillándose ante la cruz, ella adoraba a Jesús como si ÉL estuviera aún crucificado en la cruz” (Epist 108,10).

Algunas veces Jerónimo hace un ejercicio de exégesis de la Escritura mientras visita los Santos Lugares. Pasando por el monte Sión recuerda el Salmo 86,2 : “Las puertas de Sión son amadas por Dios”. Viendo las ruinas de Jerusalén, explica que las puertas de la Ciudad Santa son como las puertas de la Iglesia. La Gehenna no prevalecerá sobre ellas.
San Jerónimo explica por qué Paula no quiso ir a Kyriat Sefer, la ciudad del libro: porque “la letra mata, y el espíritu da la vida” (Epist 108,11). Citas del Antiguo Testamento anuncian la realización del Nuevo Testamento. “Las 12 piedras de Galgalá significan el fundamento de los 12 Apóstoles” (San Jerónimo, Epist 108,12). La fuente de Elías en Jericó, dulcificada por el profeta, significa la ley judía, que era amarga, pero que se volvió dulce por obra del verdadero profeta.. La tipología fue un método para leer el Antiguo Testamento.

Los Santos Lugares fueron martyria, testimonio de la Sagrada Escritura. Cirilo de Jerusalén desarrolló esta idea. “Aprende por lo que ves” (Cat 12,4). “Jesús ha sido crucificado. El Gólgota lo testifica” (Cat 4,10; 10,19).
Finalmente, la Palabra de Dios debió ser puesta en práctica por el peregrino después que hubo visto, tocado las reliquias y verificado el Lugar Santo. La Sagrada Escritura recreaba los sentidos y otorgaba sensibilidad espiritual al Peregrino creyente. El peregrino entonces adoraba (proskunein) a su Señor, aún cuando sólo venerase las reliquias (honoramus). Las reliquias eran receptáculos de la gracia divina a través de la cual nuestra salvación vino ( San Juan Damasceno, Contra Inmag. Calumn Oratio 3,34).

Terminemos con una curiosa conclusión. ¿Los peregrino llevaban con ellos el texto de la Biblia? Sólo un ejemplo es conocido en la literatura. Pedro el Ibérico viajó con el texto del Evangelio de San Juan, en el que insertó una reliquia de la Vera Cruz. La Biblia en otros peregrinos fue probablemente llevada en sus corazones.

Fray Frédéric Manns ofm
http://198.62.75.4/opt/xampp/custodia/?page_id=269

Fragmento de la Cruz en Caravaca, España

La Custodia de Tierra Santa dona un fragmento de la Vera Cruz al Santuario de Caravaca
Un relicario con un fragmento de la Vera Cruz, que se conserva en el convento de San Salvador en Jerusalén

La Custodia de Tierra Santa dona un fragmento de la Vera Cruz al Santuario de CaravacaJERUSALÉN, martes, 21 marzo 2006: Este domingo el Custodio de Tierra Santa, fray Pierbattista Pizzaballa, en una solemne ceremonia entregó a monseñor Antonio Reig Plá, obispo de Cartagena (España), un relicario con un fragmento de la Vera Cruz, que se conserva en el convento de San Salvador en Jerusalén. La entrega de tan preciosa reliquia se efectuó durante la celebración de la Palabra, ante un grupo de más de doscientos peregrinos, miembros de la Cofradía de la Cruz de Caravaca, según informa la Custodia de Tierra Santa. Caravaca de la Cruz se encuentra en noroeste de la provincia española de Murcia. Allí se venera desde el siglo XII una reliquia de la Santa Cruz, milagrosamente aparecida en la ciudad, que durante este periodo se encontraba bajo dominio musulmán. Esta reliquia y la veneración que desde entonces ha producido han hecho de Caravaca y su Santuario una de las cinco ciudades en el mundo donde se celebra el Año Jubilar.

Este privilegio le fue concedido por el Papa Juan Pablo II en 1998, privilegio compartido con Roma, Jerusalén, Santiago de Compostela y San Toribio de Liébana (también éste en España). En 1942 el Papa Pío XII donó un fragmento del precioso leño, conservado en la iglesia de la Santa Cruz de Roma, uniendo así el santuario a la Ciudad Eterna. Este año 2006, en ocasión del 775º aniversario de la aparición de la Cruz en Caravaca, la Cofradía manifestó su deseo de unir su Santuario a la Ciudad Santa: Jerusalén. Invitado en septiembre del pasado año al Santuario de Caravaca de la Cruz, el Custodio respondió favorablemente a la petición. Los lazos que unen la Custodia de Tierra Santa y España son antiguos.

Fue el Vicario Custodial, Fray Artemio Vítores,ofm, español, el encargado de realizar la homilía en la celebración, recordando con fuerza que venerar la Santa Cruz significa adorar el Cristo
Resucitado, que hizo de un leño infame, el leño de la victoria sobre la muerte. Tras la bendición y un gesto de veneración, los peregrinos pudieron escuchar los discursos de agradecimiento por este presente que une más íntimamente aún Caravaca de la Cruz con la Tierra Santa, Jerusalén y el Santo Sepulcro, del cual los franciscanos son custodios.

Tomaron la palabra: Don Manuel Fernando Guerrero Sánchez, Gran Maestre de la Cofradía, el alcalde de la ciudad, don Domingo Aranga, el Cónsul de España en Jerusalén, don José María Ferré de la Peña, Mons. Antonio Reig Plá, Obispo de la Diócesis de Murcia-Cartagena y el Custodio de Tierra Santa, quien personalmente expresó su alegría por este nuevo vínculo. El Gran Maestre, don Manuel Fernando Guerrero Sánchez, ofreció al Custodio un cuadro representando el relicario de la Santa Cruz, en el cual reposará la reliquia de Jerusalén y la cruz de Caravaca que llevan los miembros de la Cofradía. Con la susodicha ceremonia el peregrinaje a Tierra Santa de la Cofradía española concluyó, pero el Jubileo por el 775º aniversario continúa.


http://es.catholic.net/turismoreligioso/801/2761/articulo.php?id=28706

Origen de la Orden del Santo Sepulcro

Es la primera de las Órdenes Militares de Tierra Santa, creada por Godofredo de Bouillón recién conquistada Jerusalén (15 de julio de 1099), con la misión específica de la custodia del Santo Sepulcro y de atender al servicio religioso de la iglesia del mismo. Esta dicotomía de funciones daría lugar a dos ramas bien definidas centro de la Orden: la de los Canónigos agrupados en un Cabildo de Canónigos Seculares (germen de lo que después sería la Orden de Canónigos Regulares del Santo Sepulcro) y la de los caballeros, dedicados preferentemente a tareas militares, que justificarían el calificativo de Orden Militar, hoy convertidos en orden de caballería aristocrática con el nombre de Orden de Caballería del Santo Sepulcro de Jerusalén.
Muerto Alfonso I el Batallador (1134), deja, en un insólito testamento, su reino a las tres Órdenes Militares de Palestina: Santo Sepulcro, San Juan de Jerusalén y Temple. La primera que se cita en el testamento es la Orden del Santo Sepulcro, reconociendo implícitamente la mayor antigüedad de esta Orden.

Para tomar posesión der la herencia el Patriarca de Jerusalén envía, en 1141, a su canónigo del cabildo de Jerusalén, Giraldo, y no a un caballero de la Orden Militar, lo cual explicaría que la orden nunca tuvo en España carácter ecuestre y sólo el canonical representando por clérigos que se regían por la regla de San Agustín.
Al renunciar a sus derechos a la herencia del Batallador, los canónigos del Santo Sepulcro fueron compensados con bienes en varias localidades aragonesas, particularmente en Calatayud, donde establecieron su casa central. Sus iglesias en centros conventuales se extendieron asimismo por el reino de Castilla, registrándose el mayor auge de sus dominios en España durante el siglo XIII. La institución contó también con casa de religiosas, entre ellas la todavía existente en Zaragoza con el nombre de Real Monasterio de Canonesas Comendadoras del Santo Sepulcro, que fundó a fines del siglo XIII doña Marquesa Gil de Rada, hija de Teobaldo II de Navarra y viuda de un hijo natural de Jaime I de Aragón.

La cruz patriarcal es la primera insignia de esta Orden que podemos considerar como la cruz del Santo Sepulcro por excelencia, concedida por Godofredo de Bouillón, Barón y Defensor del Santo Sepulcro cuando fue creada en 1099. Inexplicablemente poco tiempo después Godofredo retira esta cruz a los sepulcristas, asignándoles una nueva, la cruz quíntuple conocida también como cruz de Godofredo de Buillón y más comúnmente como cruz de Jerusalén o de Tierra Santa. Esto ocurre en el momento de la fusión, año 1099, de la órdenes del Santo Sepulcro y de la Resurrección del Señor.

Godofredo asignó la cruz patriarcal a los primeros caballeros que él arma, sobre el Santo Sepulcro, erigidos canónica y jurídicamente en Cabildo de Canónigos Seculares, por tanto vivían en el siglo, lo que no les impedía guerrear (recuérdese la presencia, en la toma de Ascalón -1153-, del patriarca de Jerusalén al frente de los canónigos del Santo Sepulcro), aunque su misión principal era atender al servicio religioso de la Iglesia del Santo Sepulcro.

Es con Balduino I, en 1103, al rodearse de la familia militar de los caballeros canónigos, sobre todo para protegerse de las asechanzas de los salteadores y luchar contra los infieles, cuando sería el momento de separar caballeros y canónigos dando a cada uno sus insignias privativas que han llegado hasta nuestros días. Esta asignación de insignias las haría Balduino personalmente o el patriarca de Jerusalén del rito Latino, que este año 1103 se convierte, él y sus sucesores Jefe de la Orden del Santo Sepulcro y en su Gran Maestre, con la facultad de "crearet, armaret et constitueret" caballeros del Santo Sepulcro a los que juzgasen dignos de tal distinción.

Es pues esta fecha de 1103 la que marcaría el comienzo del uso de la segunda cruz insignia del Santo Sepulcro (la Cruz de Jerusalén) por los caballeros y la asignación definitiva a los canónigos de la patriarcal reanudando el uso de la misma si alguna vez la perdieron.
La forma propia, ya documentada desde el medievo, para los Canónigos del Santo Sepulcro es la cruz doble liliada o florlisada en sus extremos, y de color rojo. El lirio, símbolo de la pureza y la inocencia, recordaría el voto de castidad de los miembros de la Ord
.
en y el rojo de la cruz, la sangre de la cruz derramada por la redención del género humano.
Esta forma patriarcal liliada, de color rojo, es la que usaron en España como divisa o insignia, en su costado izquierdo, los caballeros del Santo Sepulcro, los canónigos de la Colegiata de Calatayud (hasta 1851), los de Santa Ana de Barcelona y aún actualmente las canonesas del Santo Sepulcro de Zaragoza.

En Castilla la Vieja y en el reino de León, donde introdujo la Orden el rey de León y Castilla Alfonso VII (1126-1157), que dominaba en Calatayud desde la muerte del Batallador, su padrastro, y donde tuvo ocasión de conocer a los canónigos del Santo Sepulcro, la cruz patriarcal era púrpura, no gules o roja, sin duda por la influencia en la lengua de Castilla del color púrpura sustitutivo del rojo ya que las armas del reino de León traían de púrpura el león y no rojo.
Este púrpura pasó a ser, a partir de 1851 (fecha del Concordato entre España -Isabel II- y la Santa Sede -Pío IX-), el color de la cruz de los canónigos de la Colegiata del Santo Sepulcro de Calatayud, tal como atestigua el historiador bilbilitano Vicente de la Fuente.

Manuel Monreal Casamayor
http://www.calatayud.org/enciclopedia/sepulcro_orden.htm

Helena, madre de Constatino y la Cruz de Jerusalen



La madre de Constantino el Grande, nació a mediados del siglo III posiblemente en la localidad romana de Drepanum (conocida más tarde como Helenópolis) en el Golfo de Nicomedia, y murió alrededor del año 330. Fue de familia humilde; San Ambrosio en su "Oratio de obitu Theodosii", se refiere a ella como stabularia, o posadera. No obstante, se convirtió en la esposa legítima de Constancio Cloro. Su primer y único hijo, Constantino, nació en Naissus, en la Alta Moesia, en el 274. La afirmación hecha por cronistas ingleses de la Edad Media, en el sentido de que supuestamente habría sido hijo de un príncipe británico carece totalmente de fundamento histórico. Esta idea pudo surgir por la errónea interpretación de un término utilizado en el panegírico del matrimonio de Constantino con Fausta, que Constantino, oriendo ("por sus orígenes", "desde el principio"), había honrado a Bretaña, lo cual fue tomado como una alusión a su nacimiento, cuando en realidad hacía referencia al comienzo de su reinado.
En el 292 Constancio se convirtió en el César de Occidente, dándose a sí mismo prerrogativas de tipo político y renunció a Helena para casarse con Teodora, la hijastra del Emperador Maximiano Herculius, su benefactor y admirador. Pero su hijo permaneció fiel y leal a ella. A la muerte de Constancio Cloro, en el 308, Constantino, quien le sucedió, convocó a su madre a la corte imperial, confiriéndole el título de Augusta, ordenando que se le tributaran honores como la madre del soberano y acuñó monedas con su efigie. Por influencia de su hijo, abrazó el Cristianismo después de la victoria de este sobre Majencio. Esto es atestiguado directamente por Eusebio (Vita Constantini, III, xlviii): "Ella (su madre) se convirtió bajo su influencia (de Constantino) en una sierva de Dios tan devota, que uno podía creer que había sido discípula del Redentor de la humanidad desde su más tierna niñez". También es claro el consenso entre los historiadores contemporáneos de la Iglesia que Helena, desde el momento de su conversión, tuvo una vida seriamente cristiana y que su influencia y liberalidad favoreció una amplia expansión del Cristianismo. La tradición vincula su nombre con la construcción de iglesias cristianas en las ciudades de Occidente, donde residía la corte imperial, principalmente en Roma y Trier, y no hay razón para rechazar esta tradición; además, por lo que sabemos con certeza a través de Eusebio, Helena erigió iglesias en los lugares santos de Palestina. A pesar de su edad avanzada emprendió un viaje a Palestina luego de que Constantino, gracias a su victoria sobre Licinio, se convirtió en el único Emperador del Imperio Romano en el 324. Fue en Palestina, como lo sabemos por Eusebio (op. cit., xlii), donde ella tomó la resolución de dar a Dios, el Rey de Reyes, el homenaje y el tributo de su devoción. Fue pródiga en su generosidad y buenas obras en esta tierra, "la exploró con un notable discernimiento", y "la visitó con la atención y solicitud del emperador mismo". Entonces, "luego de haber mostrado la veneración debida a las huellas del Salvador", mandó erigir dos iglesias para la adoración a Dios: una se levantó en Belén, cerca de la Gruta de la Natividad, y la otra sobre el Monte de la Ascensión, en las cercanías de Jerusalén. También embelleció la gruta sagrada con ricos ornamentos. Esta estancia en Jerusalén dio origen a la leyenda del descubrimiento de la Cruz de Cristo, mencionada primeramente por Rufino.
Su generosidad fue tal que, de acuerdo a Eusebio, no solo ayudaba a personas sino a comunidades enteras. Los pobres y desposeídos fueron especialmente objeto de su caridad. Con piadoso celo visitó las iglesias por todas partes haciéndoles ricas donaciones. Fue así que, en cumplimiento de los preceptos del Salvador, en adelante dio fruto abundante en obras y palabras. Si Helena se comportó de esta manera mientras vivió en Tierra Santa, no deberíamos dudar que mostrara la misma piedad y benevolencia en aquellas otras ciudades del imperio en las que residió después de su conversión. En Roma su memoria es asociada principalmente con la iglesia de La Santa Cruz de Jerusalén. En el lugar donde actualmente se levanta esta iglesia antiguamente se asentó el Palatium Sessorianum, y cerca se encontraban las Termas Helenianas, cuyos baños tomaron su nombre de la emperatriz. Aquí se encontraron dos inscripciones compuestas en honor de Helena. El Sessorium, que se encontraba cerca del Laterano, sirvió posiblemente como residencia de Helena cuando permaneció en Roma; por eso es bastante probable que en este lugar Constantino haya erigido una basílica cristiana, a sugerencia de su madre y en honor de la Cruz verdadera.
Helena aún vivía en el año 326, cuando Constantino mandó ejecutar a su hijo Crispo. Cuando, según la relación de Sócrates (Hist. Eccl., I, xvii), en el 327 el emperador realizó mejoras en Drepanum, la ciudad natal de su madre, y decretó que se llamaría Helenópolis, es probable que ella haya regresado de Palestina con su hijo, quien para entonces residía en Oriente. Constantino estuvo con ella cuando murió a la avanzada edad de ochenta años aproximadamente (Eusebius, "Vita Const.", III, xlvi). Esto debió suceder alrededor del año 330, puesto que las últimas monedas que se sabe fueron acuñadas con su nombre llevan esta fecha. Su cuerpo fue llevado a Constantinopla y colocado para su descanso en la cripta imperial de la iglesia de los Apóstoles. Se cree que sus restos fueron transferidos en 849 a la Abadía de Hautvillers, en la Arquidiócesis Francesa de Reims, como consta en el registro del monje Altmann en su "Translatio". Fue reverenciada como una santa, y su veneración se extendió al Occidente a principios del siglo IX. Su festividad se celebra el 18 de Agosto. Respecto al hallazgo de la Santa Cruz por Santa Helena, vea CRUZ Y CRUCIFIJO.
La localidad de Drepanum se encontraba cerca de Nicomedia, la actual Izmit a orillas del mar de Mármara, al noreste de Turquía. La Alta Moesia abarcaba el territorio norte de la actual Bulgaria. En el santoral de la Iglesia Ortodoxa Oriental su festividad se celebra el 21 de Mayo.

J.P. KIRSCHT
Transcrito por Michael C. Tinkler.
Traducido por Salvador Gómez Contreras

ENECICLOPEDIA CATOLICA
http://www.enciclopediacatolica.com/h/helenasanta.htm

lunes, 24 de diciembre de 2007

El lugar de la Cruz

Hace 1984 años (/X) se clavo una Cruz en el Monte Golgotha-Calvario de Jerusalén. Jesús el Nazareno fue ajusticiado en ella. Desde entonces muchos han sido los avatares que han sucedido tras las búsquedas de evidencias históricas que acrediten tanto el lugar como la veracidad de cuanto se mostró ayer y se enseña hoy relativo a la Santa Cruz y el Santo Sepulcro de Jerusalén.

Ofrecemos este lugar como punto de encuentro de aquellos investigadores y estudiosos de la Arqueología Cristiana y Bíblica basada en la Evidencia Científica.
Sus colaboraciones serán bienvenidas.
Dr. Ignacio Yáñez
Sevilla, España
24 de Diciembre del 2007
Dos mil siete años (/X) después del nacimiento de Jesús el Ajusticiado